Crónica: Poco y Mal, Muntz y 51 Grados en la Sala Siroco

El pasado Viernes 29 de Diciembre asistíamos a uno de los grandes últimos conciertos del año en la Sala Siroco de Madrid: Poco y Mal, Muntz y 51 Grados; tres buques atestados de potencia, elaboración, contundencia y buen hacer que querían despedir el año por todo lo alto.

51 grados muntz poco y mal

La noche comenzaba con los Poco y Mal subidos a las tablas, presentando su última grabación En la cuerda floja (2017, 28041 Estudios) y dando coba a una extensa gira que les ha llevado en 2017 a muchos puntos de la geografía española para predicar su hardcore punk. El concierto empezaba con Miedo, calentando una sala que no tardó en llenarse, y que alcanzaba el medio aforo cuando arrancaban los primeros acordes de Tras el telón. Los de Parla se veían motivados por la participación en una noche mítica como ésta, y no se dieron ni un respiro para encarar tema tras tema al ritmo de una potentísima batería a cargo de Santana, la desbordante y vitaminada guitarra PRS de Adry Serrano y el atronador bajo de Tercios, que se dejó también la voz en cada tema. Así, estos chicos encadenaban este Tras el telón, con Hasta la Piel y Adicto al ruido, tras los cuáles la banda llegaba a Siempre presentes y a uno de sus temas más reconocidos y prácticamente su single: En la cuerda floja.
El ambiente cada vez más y más cálido se dejaba sentir en corrientes de cerveza y en los cánticos de los numerosos amigos de las bandas que vinieron a apoyar sus directos. Pronto el trío llegaba a Adiós mi infierno y abordaba un sorprendente Delirios de grandeza en el que explicaban una espoleadora dedicatoria a Donald Trump.
Para encarar el tramo final del concierto, Poco y Mal sumaban al espectáculo Parásitos, Hijos del Progreso, Dime, Hasta más ver y Mis fantasmas, dejando un ambiente caldeado y expectante para la llegada de los jovencísimos Muntz, y dando muestras de que acabarán esta gira por todo lo alto y volverán a encerrarse a terminar de componer y grabar temas que ya se asoman para este 2018.

El caso de Muntz es también ampliamente destacable. Grupo nacido en Alcázar de San Juan. Una banda increíble. Sobre todo si tenemos en cuenta lo tierno de su edad en relación a las pedazo de composiciones que nos mostraron. Temas vibrantes, complejos, delicados, desgarradores, ligeros, y contundentes cuando se hace necesario. Estos chicos, que ya han sido galardonados en diversos certámenes en estos últimos años, han aprovechado el tirón para grabar en los míticos Estudios Ultramarinos Costa Brava; un gesto con el que demuestran que no han llegado hasta aquí para perder el tiempo, y que saben muy bien lo que hacen.
Su concierto se iniciaba al son de Maniac, que venía precedida por una intrigante intro que desembocaba en Memories y conectaba con los temas Floats y Cyrano.
Lo cierto es que, a mi entender, pude percibir en ellos influencias múltiples, interiorizadas desde muchos puntos del rock, y eso me encantó. Desde unos toques de Placebo, hasta otros de A Perfect Circle, Soundgarden, Pearl Jam y Refused, tanto en la voz como en la banda. Un grupo muy versátil capaz de pasar de 0 a 100 en un solo segundo. Literalmente, cuando la banda y la voz se relajaban podían llegar a ser oscuros y relajantes y al momento, encontrarme pensando en lo hardcore del siguiente fragmento.
Una de las canciones que más me gustó fue 90, será por la sugestión que me produjo recordar esa década mágica, de la que Muntz también son herederos. Por lo demás, muy buen aforo también para ellos, que aprovecharon para hacerse conocer entre el público de Poco y Mal y 51 Grados.

Finalmente la banda aceleraba el paso para incluir Interludio, The Autocrat y Mushroom, dejándonos a todos entusiasmados por una sección rítmica muy compactada en la que la batería de Carlos y el bajo de Alfonso eran brutales, y la guitarra rítmica aportaba un cuerpo y estabilidad que mantenía a la colorista guitarra y la completísima voz de su cantante, Álvaro.

La noche la cerraban por todo lo alto los enormísimos 51 Grados, que además de su habitual espectáculo musical nos tenían unas cuantas sorpresas preparadas. Para empezar, la intro de su concierto fue un villancico, ante la estupefacción del público, asombrado y risueño. El concierto arrancaba con Redentor y Cometas, en una sala que como siempre acostumbra a llenarse con los acordes de 51 grados. Seguíamos con Desconexión y Zener, y ninguno pudimos evitar cantar junto a ellos semejantes temazos de un grupo que ya tiene ganado a una buena parte del público madrileño. Qué más decir aparte de que me encantan las telecasters de Carlos, y que a pesar del pedazo de resfriado que llevaba encima, nada pudo desmerecer un concierto constantemente respondido por el público, que daba la réplica a cada tema, y a cada impulso de Rodri e Iván, que son también una auténtica losa de desbordada pasión, buen rollo y entrega.

Sonaban Déjame, Invencible y Destino, tema que da nombre a su último disco y que muchos ya tenemos en casa, y que presentaron en la Sala Wurlitzer hace unos meses, donde también estuvimos con Rock Culture. El concierto se dejaba llevar y el ambiente festivo explotaba en grandeza cuando de repente la banda invitaba a todo el público a una ronda de chupitos que indicaba que la noche se alargaría hasta el infinito.
Para cerrar el concierto, la banda madrileña nos golpeaba con la gloriosa Estigma, la enternecedora Faro y cerraban, como de costumbre con la explosiva Síndrome, una vez más firmando un concierto impecable.

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