Crónica The Cult: “Y se escuchó en La Riviera un “Fire Woman” que quedará para la historia de esta sala…”

” Y todos pensamos por un momento estar en Sunset Boulevard en el Whisky a Go Go a principios de los 90″

Lo recuerdo como si fuera ayer, pero hace más de 7 años del último concierto de The Cult en La Riviera. Aquel caluroso día de 2012 iban acompañados de Gun y, pese a que no hicieron un mal concierto, tampoco fue un concierto para ser recordado especialmente por nada. Quizá es por esto por lo que en Madrid teníamos tantas ganas de volver a ver a The Cult, porque todos teníamos esa sensación de que “nos debían” una… Si a esto le sumamos que esta fecha, única en España, era parte de la gira de aniversario del disco Sonic Temple, teníamos la certeza de que este exclusivo concierto producido por Last Tour iba a ser un éxito de taquilla.

¡Sold Out en agosto en Madrid! Pocas bandas pueden decir esto. Unas 2500 personas de las cuales 1000 debíamos ser los únicos habitantes que quedaban en Madrid, y los otros 1500 eran de todas partes del país que decidieron visitar la ciudad que nadie quiere pisar en verano. Y es que Sonic Temple es un disco que lo cambió todo para la banda y para otras bandas de la época… Fue su primer trabajo con el productor Bob Rock, y fue tal el éxito, que Metallica decidieron contratarle para su Black Album, buscando un sonido parecido al de Sonic Temple. El resto ya es historia viva de la música… Y hasta hoy, que nos encontramos esperando a que abran las puertas de La Riviera, en un concierto sin teloneros donde esperamos que The Cult terminen aquello que empezaron en 2012 y que nos quedamos a medias…

¿Sería el concierto que todos estábamos esperando? El día anterior, charlando con John Tempesta en una divertida entrevista, nos adelantaba que iba a ser un concierto muy especial y que los ensayos estaban sonando muy bien. Una cosa estaba clara: el set list sería bueno tratándose de la gira A Sonic Temple, así que toda la responsabilidad del éxito del concierto estaba en manos de la banda y técnicos.

El concierto empezaba duro: Sun King y una actitud muy distinta a la última vez… Mucha energía, miradas de complicidad entre Ian y Billy que nos adelantaban que “las cosas del pasado pertenecen al pasado” y que actualmente ha vuelto la química entre ellos. Personalmente no soy muy partidario de empezar con un medio tiempo, de hecho, hubiera empezado con el segundo tema, New York City, mucho más animado y que consiguió meterse al público en el bolsillo al ritmo de los tambores de un grandísimo John Tempesta desbocado (cómo le pega este tipo a los tambores… seco, potente, preciso… está claro por qué es uno de los mejores) pero también gracias a un solo a cargo de Billy de esos que recordábamos y que hacía tiempo que no escuchábamos. La Gibson Les Paul Custom de Billy que fue portada del álbum sonaba estupendamente en la Riviera, al volumen perfecto para que suene potente, pero se entienda todo. Parecía que se estaban alineando los astros esta vez…

El primer gran momento de la noche venia de la mano de Sweet Soul Sister donde Tempesta y Fitzpatric llevaban todo el peso de la canción mientras Ian se permitía jugar con su voz adelantándose y retrasándose al tiempo, y es que si algo caracteriza a Ian es que puede permitirse no cantar dos veces igual la misma canción en directo… Le gusta reinventarse. Últimamente le ha dado por cantar a “arrebatos” como si de un “cantaor” flamenco se tratase, pero con su estilo marca de la casa. American Horse, uno de los temas más psicodélicos de Sonic Temple, aportaba algo de calma necesaria… Personalmente se me hace un poco largo este tema, pero había que tocar el disco completo y es una oportunidad única de escuchar algunos temas no tan habituales. Edie (ciao baby), la canción dedicada a la musa de Warhol, Edie Sedgwick, fallecida a los 28 años, me parece un tema muy complicado en directo, y pese a ello, con ayuda de los teclados lo sacaron adelante con mucha dignidad, una delicatesen para los oídos que preparaba el terreno para la tormenta sónica que se nos venía encima.

Sonaba ahora el que es uno de los arpegios de guitarra más reconocibles de la historia del rock. Con su pequeño toque de reverb, unas gotas de chorus y una pizca de delay se prepara un cocktail al más puro estilo Bob Rock… Piernas abiertas y mano en alto teníamos delante de nosotros la icónica portada del Sonic Temple, el señor Billy Duffy en estado puro, al que toda la sala rendíamos nuestro especial culto, intentando imitar canturreando ese arpegio icónico usando la escala de “borrachuzo sostenido mayor” y apurando rápido las cervezas porque sabíamos que ahora tocaba saltar, bailar y desgañitarse cantando… John Tempesta marcaba los tiempos en su caja Tama “signature” como diciendo “id calentando porque con esta os vais a volver locos” y ahí estábamos todos como perritos nerviosos, esperando que John nos lanzase la pelotita para volvernos todos locos, porque sabíamos lo que venía… Y la lanzaron, vaya si la lanzaron, y nos volvimos locos, y cantamos “Fayaaaaaaa aaaaa ayaaaaa” (ese estribillo de una sola palabra que tantas bromas le costó aguantar al bueno de Bob Rock mientras Metallica lo parodiaban, todo por no reconocer que en el fondo querían hacer lo mismo) … Y se escuchó en La Riviera un Fire Woman que quedará para la historia de esta sala, y todos pensamos por un momento estar en Sunset Boulevard en el Whisky a Go Go a principios de los 90, y todos nos quitamos 20 años de golpe. Lo dicho, los The Cult de siempre habían vuelto, era algo realmente emocionante.
Fire Woman es una de esas canciones que te permiten tocar detrás de ella lo que quieras porque ya te has ganado al público para todo el show, y sonaron Rise y American Gothic de su disco Beyond Good and Evil. Un disco que en su día me costó un poco pero que ha envejecido bien con los años.
Spirit Walker, de su primer disco Dreamtime, nos daba a entender que estábamos en la recta final del concierto… En esta ocasión era Fitzpatrick el que nos hacía bailar con su bajo dejando a Billy ensimismado con su “soniquete” característico con el que suele entrar en una especie de trance… Esta vez ya armado con una preciosa Gretsch White Falcon, seguramente una de las guitarras más bonitas y con más presencia del mundo. Ahora le tocaba el turno al álbum Love, donde Phoenix daba paso a otra de las grandes esperadas She Sells Sanctuary Donde Ian esbozaba algunos de los sus bailes característicos de antaño con media sonrisa en la boca mientras volvía a versionarse a sí mismo cantando la enésima “auto-versión” de este tema. Se les veía bien, muy bien, mejor que todas las veces que mi memoria alcanza a recordar, incluso pidieron al público el “oe oe oeee” que tanto les gusta a las bandas extranjeras, y con eso se retiraron para los bises.

El concierto lo cerraron por todo lo alto, la ocasión lo requería, Wildflower, Rain y Love Removal Machine… Un broche de oro para un concierto de los mejores (si no el mejor) que se les recuerda en España desde aquella actuación de 1993 en Vallecas teloneando a los chicos de negro de la bahía de San Francisco. Hasta se permitieron bromear con el público y saludar… También repartieron púas y baquetas. Empezamos esta crónica diciendo que The Cult nos debían una… Tras el concierto de esta noche ahora somos nosotros los que les debemos veinte.

Al terminar el bolo, quedamos con John Tempesta y Grant Fitzpatrick para tomar unas cervezas y nos confiesan que ellos también han disfrutado mucho el concierto desde el escenario (se notaba) y que los fans españoles empujamos mucho a las bandas y que lo agradecen mucho, por eso les encanta venir a tocar a España.
Cuando salimos de la sala apenas queda nadie… Ha llovido durante el concierto y se ha refrescado el ambiente. Hace una noche de verano maravillosa. Nos subimos al coche y regresamos a casa con la ventanilla bajada disfrutando de los recuerdos de lo vivido en las dos últimas horas, recuerdos que nos llevan a aquella época cuando teníamos menos años y menos preocupaciones… Mañana toca madrugar para ir a la oficina… Sí… Pero esta noche “que nos quiten lo bailao”. Podremos contar a los nietos que The Cult hicieron su magia india en una lluviosa noche de un agosto madrileño… y fue algo maravilloso.

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