Corizonas

Celebración de Corizonas III en el Garaje Beat Club de Murcia

Las expectativas eran altas. Y no fueron defraudadas en absoluto. El pasado sábado 26 de Marzo habían muchas ganas de retomar los conciertos en salas. Un servidor ha visto algunos conciertos durante estos dos años de pandemia, ninguno en sala, por desgracia… La región de Murcia ha sido una de las últimas comunidades en levantar las restricciones para este tipo de locales, demostrando una total falta de respeto y empatía por estos templos de la música, donde el rock adquiere toda su dimensión y sentido, ninguneando por tanto a todos los profesionales que viven de un sector ya de por si precario y poco valorado.

Pero no fuimos a Garaje Beat Club a llorar. Acudimos a celebrar Corizonas III, el tercer magnífico álbum de este super grupo, liderado por un carismático Javier Vielba que no dejó de brillar y desprender energía positiva durante las más de dos horas de concierto, con una actitud muy de agradecer en estos tiempos convulsos que nos han tocado vivir.

Tras unos problemas técnicos con la iluminación de la sala, que fueron solucionados mediante una iluminación fija, el quinteto salió a escena con los preciosos acordes de Volveré. Ya desde la primera nota nos dimos cuenta de que el sonido era perfecto, lo cual sólo podía ser obra de José Ángel de Álvaro, técnico de sonido de la banda, demostrando la grandísima conexión que tiene con el quinteto formado por Javier Vielba, Rubén Marrón, Javi Vacas, David Krahe y Roberto Lozano. Le siguió Lo intenté, la canción en la que más suena el rock americano al estilo Neil Young que tanto brilla en Corizonas III. El groove funk de Todo mal precedió a Supernaut, versión de Black Sabbath (que registraron cuando aún se presentaban como “Dos Bandas y un Destino”) la cual ha ganado octanaje y con la que ya se metieron a toda la sala en el bolsillo.

Como toda historia tiene un comienzo, Vielba presentó The Falcon Sleeps Tonight, canción de The News Today (Subterfuge Records, 2011), primer disco de la banda como Corizonas. La misma precedió a Nubes Negras, trallazo que abre de forma magistral Corizonas III (y que yo percibo como un clarísimo homenaje a Wild Flower de The Cult) y que supuso uno de los mejores momentos del concierto, con el permiso de Ilumíname, ese pedazo de himno que tocaron a continuación y que han construido junto a Jairo Zavala de Depedro, introducido por Roberto Lozano y Javier Vacas con gran contundencia, con una conexión fuera de lo común.

Brindo por ti y No soy yo fueron ejecutadas seguidas para dar paso al momento más “spacerock” de la noche, con introducción de Vielba citando a Carl Sagan y a la mítica sala malasañera “La Vía Lactea”, regentada precisamente por su elegante (y también “enemigo”) guitarrista David Krahe. Nuestro planeta fue descrito por Sagan como un “punto azul pálido casi perdido en un inmenso mar de estrellas”. Y es justo eso lo que sentimos al oír los impresionantes fraseos que Rubén Marrón se marca en esta delicia de canción.

A partir de este momento realizaron un repaso a sus anteriores trabajos, a su EP de debut Dos bandas y un destino (Subterfuge Records, 2010) con su ya clásica versión Wish you were here, seguida de Run to the river de The News Today (Subterfuge Records, 2011), canción de la que seguro John Fogerty se sentiría orgulloso de ellos, unas enérgicas y vitales Todo va bien y Nueva dimensión vital, los únicos guiños a su LP anterior Nueva Dimensión Vital (Subterfuge Records, 2016), y Ecos del futuro de su esotérico mini-álbum Más Allá (Subterfuge Records, 2016).

El show fue cerrado con Si tu te vas y Amacord, ambos de Corizonas III, dejándonos abierta la posibilidad de que el mismo siguiera si lo pedíamos, oportunidad que, por supuesto, no desaprovechamos. Volvieron en seguida para tocar El tiempo pasará, la grandísima canción de Corizonas III que quedaba por tocar. Javi Vielba con su acústica y Rubén Marrón con su mandolina nos introdujeron en el ambiente de esta preciosa canción, que puede llegar a recordar a los mejores momentos de Gabinete Caligari, cuyo mensaje retrata a cierta gente que prefiere la soledad de su “jaula de oro” (con todo tipo de comodidades) al calor de las relaciones humanas, concepto que esta maldita pandemia se ha encargado de agudizar hasta niveles nunca vistos anteriormente. La versión Piangi Con Me de los sixties italianos The Rokes precedió a un emotivo momento en el que Vielba recordó a Taylor Hawkins, baterista de Foo Fighters que acababa de fallecer, invitando a su baterista Loza a cantar mientras él tocaba la batería (con ordenación previa como caballero baterista), tal y como siempre han hecho los de Seattle. La elegida fue una contundente versión del Pushin’ to hard de The Seeds que fue rematada por los acordes “johnfogertianos” de I Wanna Believe que culminó el concierto por todo lo alto.

El concierto supuso una auténtica celebración de la vida, una reivindicación de la sala de conciertos como lugar natural del mismo y un grandísimo crisol de energía positiva. Vielba dejó claro que el rock no puede ni debe teletrabajar y que ha de ser sudado para que sea de verdad.

Hablamos con Corizonas antes de su concierto en Murcia