Mercury y Caballé
Montserrat Caballé y Freddie Mercury

En mayo de 1983, en el Royal Opera House de Londres, Freddie Mercury descubría la voz de Monserrat Caballé durante la representación de Un ballo in maschera. Lo que no sabía el aclamado cantante es que la soprano se convertiría en uno de los pilares fundamentales de su vida hasta su fallecimiento, poco después de la creación conjunta del himno de los Juegos Olímpicos de 1992, Barcelona.

Mercury, Caballé y un encuentro inolvidable en el Ritz

Cuando Freddie Mercury acudió al Royal Opera House de Londres en mayo de 1983 a presenciar la Ópera de Verdi Un ballo in maschera no pretendía salir encandilado de una tal Montserrat Caballé. Sin embargo, en ese momento el frontman de Queen descubrió a quien acababa de convertirse en su cantante preferida.

Así lo manifestó durante una entrevista para el programa de Televisión Española, Informe Semanal, emitida pocos días antes de la separación de Mercury de su grupo Queen, en agosto de 1986. Tales palabras le abrirían las puertas de una bonita amistad que duraría hasta el final de su vida, pues, en cuanto Caballé se enteró, no dudó en ponerse en contacto con el artista y, así, se reunieron, por primera vez, en marzo de 1987, en el Hotel Ritz de Barcelona.

Mercury y Caballé
Montserrat Caballé y Freddie Mercury

A dicho encuentro, acudieron también el compositor y productor Mike Moran, Peter Freeman y su mánager, Jim Beach.

Durante la velada, que tuvo lugar en los jardines del Hotel, Mercury no dudó en mostrar a Caballé los temas Exercises in Free Love y Ensueño y fue en ese momento cuando cobró sentido para ambos artistas la idea de hacer un trabajo conjunto: el álbum Barcelona.

Desde ese instante, los artistas no pararon de trabajar en la obra y, en gran medida, lo hicieron vía correspondencia debido a sus apretadas agendas.

Durante los nueves meses siguientes a su encuentro en el Hotel Ritz, Mercury enviaba con frecuencia cintas de cassette a la soprano de las partes vocales del álbum. Y, entre ellas, por supuesto, estaba el icónico Barcelona. Que, además de dar nombre a la obra, se convirtió en himno de los Juegos Olímpicos de 1992 que tuvieron lugar en tal ciudad.

La llama de las Olimpiadas

A pesar de la relación de los artistas con la ciudad de Barcelona, fue en Londres donde su profunda admiración fue más allá. Hasta convertirse en una de las últimas amistades del cantante de rock.

Pocos días después de la reunión en el Hotel Ritz de Barcelona, Caballé se desplazó hasta la capital británica para reunirse con Mercury en su casa de Garden Lodge.

Allí, ambos artistas pudieron improvisar nuevos temas y conocer verdaderas virtudes el uno del otro.

Mercury se sorprendió al descubrir que Caballé conocía algunos de los éxitos de Queen. Y la soprano, por su parte, se dió cuenta de la capacidad musical del frontman de la banda.

Fue allí donde compartieron ideas, creencias y aficiones. Hasta el punto de que su amistad no se apagaría hasta el último día de vida de Mercury.

Fue, también, en Garden Lodge, donde se concretó la idea de emplear su tema Barcelona como himno para los Juegos Olímpicos de 1992, tras ser conocido que el alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall, quería que Caballé participara de algún modo en dicha celebración.

Mercury y Caballé
Montserrat Caballé y Freddie Mercury

Así, daría comienzo su carrera hacia los Juegos Olímpicos, cantando el tema por primera vez en el Club Ku de Ibiza, en verano de 1987.

Sin embargo, la promoción, que pretendía alargarse hasta el verano de 1992 con la apertura de las Olimpiadas, terminó antes de lo previsto con la muerte de Mercury el 24 de noviembre de 1991.

Así, y en playback, sería el 8 de octubre de 1988 cuando Mercury pisaría un escenario por última vez. Y lo haría, por supuesto, de la mano de su amiga Montserrat Caballé.

Dicha actuación tuvo lugar en el Festival “La Nit”, a los pies del Montjuic. Allí, la ciudad recibía la antorcha que había viajado desde Seúl para encender la llama de las nuevas olimpiadas.

Una amistad eterna

Sin embargo, la llama de Freddie Mercury se apagó tan solo tres años después, sin llegar a la inauguración de los Juegos Olímpicos.

A diferencia del resto del mundo, a Montserrat Caballé no pilló por sorpresa esta noticia. Pues ella conocía la enfermedad del cantante desde hacía tiempo. Y, cuando la sociedad se volvía contra aquellos que eran infectados por el VIH, Caballé permaneció al lado de Mercury hasta el fin de sus días.

En su entierro fue la soprano quien puso la música, interpretando el aria ‘D’amor sull’ali rosee’, de ‘Il trovatore’, de Verdi. Despidiendo, como se merecía, a quien se había convertido no sólo en su compañero de escenarios, sino también en un gran amigo, en los últimos años de su vida: el talentoso Freddie Mercury.

Mercury y Caballé
Montserrat Caballé y Freddie Mercury