Entrevista a Marc Busqué (Crisix)
El metal español saca músculo en una cita marcada en letras doradas en el calendario de eventos musicales del año, el Kaos Zone Fest. Un evento que alinea a cuatro generaciones de titanes del thrash metal en España desde finales de los 80 hasta la actualidad, representadas por Soziedad Alkoholika, Hamlet y Angelus Apatrida y Crisix. Como miembros de la generación de 2010, Crisix son los encargados de iniciar las hostilidades este 22 de marzo en el Wizink Center de Madrid. Los más jóvenes del cartel, sí, pero con una sobrada convicción de que su trayectoria nacional e internacional les avala y de que no tienen nada que demostrar, tal y como nos cuenta el guitarrista de la formación, Marc Busqué: “Nosotros tenemos nuestro propio recorrido, que está sobre todo a nivel internacional, no creo que tengamos que demostrar qué tipo de banda somos. Conectamos con todo tipo de audiencias y tenemos este punto de mimetización que creo que en ningún momento va a ser un obstáculo para el público de SA o de Hamlet”.
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Desde su debut discográfico en 2011, con el que sentaron los cánones del Ultra Thrash que les caracteriza, nunca han dejado de añadir nuevos elementos a una coctelera que es pura dinamita. “Nuestro estilo está arraigado en el thrash metal, hemos tenido hambre de intentar incluir más elementos y en cada disco siempre hemos explorado más territorios de heavy metal, de death metal más modernos, más groovy e incluso cosas funk. Quizás por ello encajamos muy bien en otros festivales que no son de thrash”, explica. “Todos venimos de escenas y generaciones muy diferentes, de haber escuchado música muy distinta y no nos interesa que el estilo se mantenga puro. Es imposible que solo te guste un estilo y cada vez veo en los jóvenes que son más abiertos de mente a nivel de influencias”.
Junto a Angelus Apatrida, forman un tándem clave para entender el revival del thrash metal en el siglo XXI y la capacidad del metal español para llegar a los cinco continentes. “Angelus está haciendo unas fechas tremendas y es muy positivo que este estilo de música llene tanto las salas”, comenta Busqué en referencia al exitoso Aftermath Iberian Tour 2024 de los de Albacete. “Pienso que somos de las bandas en Europa que más estamos haciendo ese trabajo de estar en todos los festivales, predicando con nuestro estilo y, poco a poco, convenciendo a todo el mundo. Es bonito que hagamos que nuestra música, que no es tan popular, sea escuchada en tantas partes”.
Solo en 2023, los de Igualada estuvieron embarcados en una gira latinoamericana y dos giras europeas coronadas con un concierto en el escenario principal del Hellfest, convirtiendo a Francia en su “segunda casa” y siendo cariñosamente catalogados por los fans del país vecino como “la banda no francesa más francesa”. Busqué reconoce que en cada visita a Francia sienten que hay “un fenómeno de efervescencia, de que la gente está hambrienta de Crisix” que se está reflejando en la gran cantidad de salas que cuelgan el cartel de sold out, en la gira que tienen planeada acompañando a la banda de Nantes Ultra Vomit o en su presencia en el evento oficial que Metallica organizó en Bataclan el pasado mes de mayo. “Estar tocando temas de Metallica como si fueras Kirk Hammet para 2.000 fans suyos en una sala mítica como Bataclan ha sido de las cosas más fuertes que he vivido este año pasado. Vivir estas cosas son muy exclusivas, muy selectas y hemos tenido mucha suerte de estar ahí metidos”, recuerda el guitarrista con mucha emoción.
Recientemente, Sympathy for the Lawyer, despacho especializado en la industria musical, publicaba que los costes de visados para conciertos y giras en Estados Unidos van a subir un 260% a partir de abril. Sin embargo, Crisix ya experimentaron en primera persona en 2023 lo complejo y arriesgado que es para una banda este proceso, al tener que cancelar una gira cerrada por Estados Unidos a causa de la infinidad de trabas burocráticas que les impidió conseguir los visados a tiempo. “Teníamos cerradas las fechas en Estados Unidos para septiembre, nos dijeron que lo hiciéramos con cuatro o seis meses de antelación y nosotros dejamos un margen de casi 8 meses para pedir los visados de trabajo. Parecía que lo teníamos todo controlado, hasta que nos pidieron requerimiento estúpido en el que teníamos que probar que la banda era longeva o que tenía repercusión”. Pese contar con un estatus más que probado, tener la referencia de haber estado previamente de gira por el país dos años atrás y haber contratado los servicios de una agencia especializada, se dieron de bruces contra la realidad de que las reglas del mainstream no siempre aplican por igual al mundo metal: “Es distinto cuando presentas unos visados para David Bisbal o para Miguel Bosé que para una banda de metal. Los requerimientos de información acerca de la banda que enviaron a la Embajada de Estados Unidos no fueron suficientes. No sabía que podría pasar, confié demasiado en ellos…”, recuerda el Busqué.

Además de perder la oportunidad de dar su primer concierto en Los Ángeles, Crisix reportó pérdidas por un valor superior a los 15.000 euros. Una experiencia que, en pleno proceso de convertirse en una banda 100% autogestionada, acabó siendo “otra prueba más de que hay que estar encima del proceso”. Desde finales de 2022, los de Igualada han estado inmersos en un proceso para tomar las riendas del booking, el management, el merch y, sobre todo, de su música. “Nosotros siempre hemos sido una banda que ha tenido el control de todos los procesos. Simplemente hemos querido prescindir de según qué aconsejadores que tenían un precio muy elevado. Si tenemos una idea muy fija de lo que queremos y entre nosotros somos capaces de llevar todo a cabo, ¿para qué darle ese control e influencia a una discográfica?». Una decisión que tomaron con pleno convencimiento, incluso si la consecuencia implicaba rechazar un contrato con la discográfica de sus sueños. “Teníamos sobre la mesa la oferta de una de las discográficas más potentes del mundo metal y era un momento muy guay aparentemente, pero es que estábamos muy reventados. Veníamos de una dinámica de años y años sin parar. Entonces te empiezas a cuestionar si realmente por mucho que sea la discográfica con la que llevas soñando toda la vida, era el momento de hacer el disco”, explica el guitarrista.

Después de 5 álbumes de estudio, 1 álbum de versiones y 1 EP, fueron plenamente conscientes de que se encontraban “atados” y “muy quemados” por una forma de trabajar con la que ya no estaban alineados y por un contrato en el que la discográfica se quedaba con el 70% u 80% de su música, lo que les hizo replantearse si realmente estaban obteniendo los beneficios que merecían por su trabajo. “La industria no quiere que saques la música cuando lo sientes, sino cuando toca y cuando toca es lo que está preestablecido por toda esa mentalidad de hace 30 años, que cada vez es menos así”, defiende Busqué, que sentía que la banda había entrado en una dinámica de “rueda de hámster” de la que necesitaban salir antes de que fuera demasiado tarde. Dentro de todo ese complejo proceso de reorganización, de difíciles decisiones contractuales y económicas y de reenfoque musical, la apuesta por “estar bien a nivel mental” jugó un papel clave en la decisión final de Crisix para evitar que se acabara “jodiendo la magia del proceso”.
Una historia que resulta familiar y perfectamente reconocible en tantas y tantas luchas de egos y conflictos de intereses que han puesto en jaque o dinamitado algunas de las bandas más importantes de la historia de la música. Sin embargo, en el caso de Crisix, Busqué la recuerda como un momento clave para fortalecer los vínculos entre los miembros del grupo: “Hubo mucha tensión con todas las partes porque te están gestionando un contrato que no quieres firmar… Fue una etapa que nos hizo más fuertes como banda, estar unidos y sacar adelante todo ese proceso. Hacerlo a nuestra manera, pero hacerlo unidos, que pienso que es muy importante para mantener esa dinámica, esa energía y esas ganas”.

Una perfecta narrativa de punto de inflexión parece remar a favor de los de Igualada. Después de la tempestad de un año repleto de emociones fuertes, la banda se está tomando el 2024 con mucha calma. Unas cuantas fechas muy selectas por España, Europa y Latinoamérica pero, sobre todo, “invirtiendo un poco más de tiempo en casa”, “abriendo muchos frentes” y viendo “qué es lo que más resuena” de cara a un futuro disco que todavía sigue en “fase muy embrionaria”. En una industria cada vez más marcada por la inmediatez que dictan los algoritmos de las plataformas de streaming y de las redes sociales, por la fiebre del sold out y por la necesidad de producción constante en la que «hay bandas que con un puto single al año o dos singles del año y sin sacar un puto disco están disparándose«, Crisix demuestran que la posición de juventud en la que se sitúan respecto a sus compañeros de cartel del Kaos Zone Fest no es más que un número. Los tarraconenses afrontan un emocionante futuro con la experiencia, la madurez y la claridad de ideas necesaria para dar esos “pasos distintos que de puertas afuera no se ven, pero que de puertas adentro son importantes” y que, si no se dan el el momento adecuado “llevan al declive”.


