Immolation – Acts Of God (Reseña)

Aquí estamos finalmente ante un nuevo álbum de los neoyorkinos Immolation, una vez más bajo el manto de Nuclear Blast Records. Una banda legendaria y con nada que demostrar a estas alturas, pero que no cesa y nos brinda su 11º álbum de estudio. Una de las pocas bandas del género que, en mi humilde opinión, han sabido mantenerse sólidas y regulares con cada álbum que han sacado. Se me ocurren muy pocas bandas, además de los propios Immolation, que sean capaces de mantener esta regularidad. Cannibal Corpse sería otro gran ejemplo, sin duda, así como Dying Fetus. Lo que está claro es que es algo complicado, y más cuando llevas en la escena más de tres décadas.

En líneas generales, el veterano oyente seguirá encontrando en Immolation todo aquello que ya le enamorase de los estadounidenses en el pasado. La inconfundible e imponente voz de Ross Dolan sigue tan presente como siempre, en un estado de forma increíble. Robert Vigna y Alex Bouks siguen componiendo riffs enrevesados y técnicos, pero también directos y afilados, y por supuesto oscurísimos. Por su parte, Steve Shalaty se mantiene intratable como uno de los baterías más contundentes del género. Sin desmerecer a ningún músico, algo prácticamente imposible, su trabajo a los parches es uno de los (muchos) puntos fuertes del álbum. Acts of God contiene algunas de las mejores canciones que ha grabado Immolation, como pueden ser An Act of God Shed The Light. Junto a ellas, por lo general, se da una sucesión de muy buenas composiciones.

EN LÍNEAS GENERALES, EL VETERANO OYENTE SEGUIRÁ ENCONTRANDO EN IMMOLATION TODO AQUELLO QUE YA LES ENAMORASE DE LOS ESTADOUNIDENSES EN EL PASADO

Sin embargo, este álbum tiene un defecto en mi opinión importante, y es su excesiva duración y número de canciones. Estamos ante un álbum de 52 minutos, lo que a priori no tiene por qué ser ni mucho menos un valor negativo. No obstante, 15 canciones parecen algo excesivas, sobre todo cuando en su tramo final aparecen pistas, no malas, pero tampoco al nivel de Immolation. Ejemplo de ello es Let the Darkness In, que no es imprescindible, como tampoco lo son Abandoned, o la también instrumental And The Flames Wept. El disco hubiese quedado mucho más sólido y compacto si la banda hubiese sabido prescindir de cortes como estos.

Aún con esto, cabe insistir en que nos encontramos ante un buen álbum de Immolation, de notable alto como mínimo. Lo positivo prevalece sobre lo negativo, y la mayoría de canciones de este álbum las querría cualquier banda del género que se pretendiese importante. Solo es eso, tal vez el álbum hubiese sido mucho mejor con diez u once canciones. Como se suele decir, calidad siempre antes que cantidad, que Immolation llevan demostrando durante décadas que de eso saben bastante.