Durante la pandemia aprovecharon para hacer lo poco que les dejaban, juntarse a escribir y componer, que no saben hacer otra cosa dicen, perfecto.

Esta vez la espera no ha sido tan larga, los de Berriozar han vuelto cabalgando con todo, como suelen. A pesar del oscuro color de muerte que aplican en varios temas, el creador de las letras ha comentado que no es el disco más triste que ha escrito, ni que lo han compuesto de forma especial por coincidir con este aniversario.

Las letras de Los potros del tiempo son las de siempre, sacadas del flamenco que el Romero devora, llenas de esas rancias metáforas de campo mezcladas con esas especias cargadas de irrealidad. La producción de Colibrí, que se está haciendo un master en esto del estudio, hace que tanto sus cuerdas como las de César Ramallo, brillen con armónico color con esos giros melódicos de los que han tirado en sus últimos trabajos, muy rock and roll.

El disco, menos mal, no trae nada nuevo entre sus temas, ni un altibajo. Tratando con añeja naturalidad temas como la muerte, en Buena muerte y Nuestra fosa, dos temas que pueden llevar a engaño respecto a su actual composición ya que mezclan a los Marea de los principios con los de los últimos años.

Se acaba el baile toca de nuevo el tema del irremediable final que nos espera, luego dice el poeta que no está en modo gris, se agradece el pedazo de solo de Colibrí. El tema que abre el trabajo, Otra cicatriz, no hace sino calmar en vez de recordar un pasado dolor, esas melodías, esas letras, ese simple rock, sin sorpresas gracias a quien sea.

Ya en los dos singles descubrimos que a Kutxi se le ha subido la agudeza a su garganta de lija, la gira sentenciará si mantiene el tono o ha sido el capricho de quien se lo puedo permitir. Una gira que han confirmado que incluirá casi todos los temas de este disco en el repertorio, Alén decidirá el resto y en la que cada concierto, como no puede ser de otra forma, se irá a más de las dos horas y media, lo cual agradecemos los fieles que acudiremos.

Soltando con arte callejero sus habituales tacos en Esta puta sociedad, marcando los tiempos con abultados riffs  o Más me duele a mi, con otro riff de lamento repercutido que encauza el placebo de versos escupidos como siempre.

Sacando la acústica para acabar en Te voy a decir la verdad y algo en Nuestra fosa y en El más sucio de los nombres, que rozando lo acústico dentro de la curada fórmula Marea, nos da un final satisfactorio. Obviedades aparte, siguen con eso dentro que nos remueve lo nuestro.

La más dura melodía la lleva Lo habido resonando trasnochada en tiempo futuro pero reposada como un buen whisky en vaso sin hielo. De Ceniciento esperaba un antihéroe romántico y me ha caído un lúgubre y desperdigado cuento grisáceo sin moraleja final al que sobrevivo gracias de nuevo al solo que arriba colorido.

La grillera es el corte que queda por comentar, es el típico tema de Marea que crees que te va a ahogar pero te metes hasta dentro de todas formas, siguiendo la tónica de El azogue, bendita enajenación creativa que no cesa.

Once poemas más que meter en nuestra cabeza sin querer, para recitar a gritos en esa esperada gira de la próxima primavera. 25 años más me parecen aún escasos. Personalmente, el azogue le pareció a mí percepción más adictivo y añorable. Los potros del tiempo no van a crear demasiados adeptos, pero decepciones tampoco germinaran esta vez.

Y aquí lo dejo, a escucharlos, que ellos lo explican mejor que yo.