Reseña | Syberia – Quan tot s’apagui

Plasmar en palabras lo que ellos han evitado es el espaldarazo necesario para adentrarme en la nueva aventura de Syberia: Quan tot s’apagui.

Pretenden los chicos de Syberia embarcarnos en un viaje a su fin del mundo, completamente en catalán, directo, sin retorno. Post rock que colisiona y explota, equilibrio sobre paciencia e intensidad, así son las líneas de cada corte, repletas de reverberaciones, de tiempos para asumir, de oscuras notas más cercanas al black metal, todo sin dar de lado la sensibilidad melódica.

Cinco inmersivas experiencias instrumentales componen este apocalíptico álbum llamado Quan tot s´apagui. De duraciones poco convencionales en esta sociedad de inmediatez y nula tolerancia al presente en activo. Se torna contrario el ejercicio de estos casi 50 minutos de extravagancias post rock.

En la foscor una llum que brilla es el primer estímulo instrumental, más allá de las notas musicales, efectos y rarezas acompasadas. La gravedad del golpeo de las cuerdas me hacen querer estar entre medias para experimentarlo de lleno. Las guitarras claman inevitablemente a rock, a metal, a dureza, post y pro. Persuasiva, sibilina, centrada, los chicos de Syberia muestran cómo lo han querido hacer esta vez.

Los algo más de siete minutos de llampecs d’oblit d’uns records en vida son una alegoría a la calma, a parar, a ser conscientes, a percibir. El juego de bombos, hace que te adentres en ese campo de minas frágil e inseguro, piensas dónde dar el siguiente paso, el ritmo marca el camino. La violencia de la melodía a la guitarra, es como dar gruesas pinceladas a oscuras sobre un diminuto lienzo, sin querer ver el resultado. Arrasadora la contundencia rítmica y la continuidad melódica. Bella intersección de sonidos claramente fusionados.

Gravitando sin rumbo cada capa atmosférica va aumentando el nivel  a lo desconocido, ell viaje de naixença d’una mort tranquil·la una etapa navegada con preciso orden. La primera parte parece un tema habitual que no destaca las notas y sus dibujos alcanzan más allá en la parte difusa que parece decaer a un vago silencio. Resurrección de ritmo, no encuentro la tranquilidad antes del final. 

Con los puntos suspensivos del final del título, me encamino al abismo al que asomarme en Dins la meva ànima la sang em bull…El espectro tanto ambiental como musical es tan amplio que pide contextualizar el tema cinematográficamente, dentro de qué estilo, ni idea, es balada, remolino, ternura, calidez. Una tozuda melodía te embarca sin rumbo a través de olas de distintas mareas dentro de un mismo singular océano. Al final encontramos la roca perfecta sobre la que colisionar.

El peso emocional cae y se vuelca en graves notas en su trepidación y en tu interior. Dar el todo como conclusión de la textualizada quan me’n vagi no em tanqueu els ulls. La batería ataca en ráfagas afiladas como navajas, retumbando alrededor las guitarras perfilan una empeñada melodía que se disipa humeante en pos de un final cinematográfico y teatralizado que empuja a ser vivido cara a cara.

Obvio caer en esto de cabeza, pero con auriculares, para percibir cada capa, cada digno detalle. La banda catalana ha dado un progresivo paso al frente en este Quan tot s’apagui.

Quien diga aburrimiento es por no estar debidamente preparado para abrir su alma a creaciones cómo esta, sin complejos ni vanidades, solo creatividad al servicio de unas cuerdas, unos bombos, poco más.

Cuando ese público selecto disfrute de su puesta en escena en directo se decantará sobre la validez y calidad de esta barrabasada de álbum. Por mi parte, intenciones de descubrirlos en vivo en todo lo alto.