Tras el hiato de cuatro años, la banda germana de prog Vanden Plas lanza un disco con seis temas.

The Empyrean Equation Of The Long Lost Things abre la media docena de cortes, del título ya descartamos simplicidad. De primeras la escucha asemeja a las alas de esa libélula que aparece en la portada del tema que nombra al trabajo. Hasta el minuto 4 el corte es instrumental con cambios bruscos de ritmo yendo del power metal a lo sinfónico, aportando guitarras distorsionadas y teclados de Alessandro del Vecchio, me pregunto, cuánto ha dejado en la recámara antes de su estampida.

El triunfal regreso va cargado de arte en la narrativa, he aquí el single My Icarian Flight, un tema más convencional, intrincadas melodías que crean un ambiente cálido como de una chimenea en una estancia pequeña, pero que vez en cuando desprende chispas encendidas, hablo en este caso del solo evidentemente. Qué compactos suenan y qué sencillo parece conservar durante décadas la formación inicial de la banda.

El guitarrista Stephan Lill ha cargado con el maravilloso peso de componer casi todo, ayudado por Andy Kuntz vocalista de la banda. Meter un tema de diez minutos hoy en día que las radios no son la brújula que seguir es bien para los seguidores y un riesgo para el resto. La estela de matices que va dejando la canción es tan ligera que se disipa entre los cambios de cadencias. Del Vecchio, te has salido en Sanctimonarium.

Que elegía en esta, su vuelta proclamada a las raíces marca la pauta de The Sacrilegious Mind Machine. Aquí sí han rizado notas más hacia el progresivo. Si bien es cierto que ocho minutos dan juego de sobra resonancia emocional y destreza técnica, una profusión de notas que no hace más que seguir los pasos de su anterior conceptual trabajo, The Ghost Experience.

Alejados de limitaciones que puedan llevar a la banda a caer en algo poco atractivo al oído, la simple concisión de They Call Me God es más que una balada al piano, al órgano y a lo que le pongas delante a Alessandro que pueda pulsar. La segunda parte clasificable dentro del menos es más y más que suficiente del metal en general.

El juego de cuerdas del principio de A March Of The Saints recuerda a mucho. La sentida voz de Lill, de nuevo Alessandro aportando, esta vez solo a la grabación. Acabamos con esto y el disco es variado y complejo y de este cuarto de hora me esperaba otra cosa. Aburrirme con repetitivos cambios de marcha y capas de algo interminable e innecesario, pero me lo han contado tan bien que cierro la boca y abro la mente.

Y llegamos al final de esta empírica ecuación y yo que soy de letras, creo haberla resuelto despejando lo necesario para centrarme en disfrutar de la música, que os recuerdo, es a lo que venimos a esto del rock y el metal. Si estás familiarizado con la banda, perfecto, sino, no temas, esta propuesta no es únicamente para eruditos extremos del prog.