Crónica | Ilegales en la Sala Mamba de Murcia
Este sábado tuvimos la oportunidad de ver la segunda puesta de largo de la gira de Joven y arrogante de Ilegales. La cita fue en la sala Mamba de Murcia, con un sold-out conseguido días atrás. El grupo venía de estrenar gira en Sevilla justo el día de antes y la expectación era evidente.
- Entrevista a Jorge Martínez (Ilegales): «Las canciones son así, son unas malvadas»
- Crónica: Ilegales celebran sus 40 años en Murcia Con Rebelión Ilegales se han sacado de
- la manga su mejor disco en 23 años.
Joven y arrogante constituye el disco de estudio número 13 de los asturianos. Una colección de canciones que muestra a un Jorge Martínez algo más reflexivo de lo que nos tiene acostumbrados, aunque personalmente pienso que siempre ha mostrado esa cara en todos sus discos, y ahora simplemente ha profundizado en ello. La colaboración en la producción de Juanjo Reig (Estudio Silencio, Cycle, Krakovia, Ingresó Cadáver) se nota bastante. El sonido y los arreglos están perfectamente cuidados, aportando además una capa de contemporaneidad y elegancia que les sienta genial.


La banda no se hizo mucho de rogar y, mientras sonaba el mantra “el rock es una señal sonora y electrónica que induce a la violencia”, fueron saliendo a escena para abrir sin contemplaciones con El fondo de la noche, una de mis preferidas del último álbum. En esta canción me imagino a Jorge tomando copas – e intercambiando sustancias- con Lux Interior, Poison Ivy y zombies varios en algún “bar terminal” a horas intempestivas. El sonido ya era realmente impresionante, con todo en su sitio. Todas las criaturas nocturnas que allí nos agolpábamos lo agradecimos.


Tras una violenta Chicos pálidos para la máquina, Jorge nos reconoció que le producía ansiedad el ritmo vertiginoso de la letra de Es ansiedad, canción también perteneciente al último largo. Tuvo que leer la letra en un atril, lo cual me pareció muy descriptivo del mensaje de la misma: “no son superpoderes, es que bebo demasiado”. El single Joven y arrogante fue despachada junto a Juventud egolatría, de forma bastante temática. Me encanta esta nueva faceta de crooner punk que poco a poco va adquiriendo Jorge, en la que se centra más en cantar y deja la responsabilidad de las guitarras a Toni, valiosa y reciente incorporación a las filas de la banda.


Una versión casi instrumental de Enamorados de Varsovia, canción que nos transporta a otra dimensión sonora, antecede a Todo lo que digais que somos, tema perteneciente a Todos están muertos (1985), el cual siempre he considerado su mejor y más ruidoso trabajo. Hasta ese momento el público se encontraba un poco frío. Tuvo que llegar a sonar el primer clásico Hola, mamoncete! para que el público menos curioso de la sala empezara a conectar con la propuesta. La festiva y sesentera Moloko (también de Joven y arrogante) nos hizo movernos como si de un guateque yeyé se tratara, justo antes de encarar los dos épicos momentos de Yo soy quien espía los juegos de los niños, Ángel exterminador o Suena en los clubs un blues secreto.


Nunca lo repitas en voz alta constituyó otro guiño a La lucha por la vida (2022), ese disco conmemorativo de sus 40 años de trayectoria en activo, justo para que Jorge reconociera que nunca iban a renegar de clásicos combativos como Tiempos nuevos, tiempos salvajes, himno de su primer disco de alló por el año 1982 que caldeó el ambiente y que hizo que todos los presentes levantáramos nuestros los puños para tomar conciencia plena de que nadie nunca va a luchar por nosotros. Ilegales siempre han sido expertos en manufacturar himnos guerreros y combativos.


Con Problema sexual empezó la parte más punk del concierto en la que fueron despachadas una detrás de otra – y sin descanso- Ella saltó por la ventana, Eres una puta, Bestia, bestia, Caramelos podridos o Revuelta juvenil en Mongolia, canción – esta última- más antigua del repertorio (y de la más combativas). El público ya estaba completamente desatado y solo pudo desconectar de esta tormenta de clásicos en el momento de El Face, canción mod de Joven y arrogante que hace alusión a los cabecillas de estas tribus urbanas que generaban tendencia allá por los años 50 y 60.


También hubo descanso de clásicos con Tantas veces me he jugado el corazón que lo he perdido, ese sucio rock n roll que grabó Jorge junto a Loquillo en Lucha por la vida (2022) y cuyo mensaje les define a la perfección, como buenos bocazas (y no murmuradores). La tormenta sonora de Dextroanfetamina constituyó el momento en el que la banda se retiró para volver en seguida a encarar la parte final del concierto.


Ilegales nunca han sido partidarios de hacerle la pelota a su público y siempre han manifestado cierta aversión por aquellos artistas que “insultan la inteligencia de su público” (tal y como manifiesta Jorge) con frases hechas de agradecimiento vacío. Martínez muestra gratitud a su audiencia tocando rock n roll sin apenas descanso. Y así fue como volvió el cuartero a la escena, con la intro de África Paga, desenfundaron el clásico Agotados de esperar el fin, esa magnífica canción que la discográfica rechazó como single de presentación del disco de mismo nombre (y que el año pasado cumplió 40 años) y que hubiera cambiado la percepción de la banda si hubiera sido aceptada. La irónica Quiero ser millonario le siguió para dar paso a Hombre blanco, canción que dedicó en 1984 a los “redneck” de Texas y que presentó como “hay un hombre blanco, en la Casa Blanca y que es un blanco perfecto”, en clara referencia a Trump y a su frustrado magnicidio.


El manual de rebeldía Destruye abrió los pogos de rigor para dar paso a Odio los pasodobles, canción que dedicó Jorge a este género que al parecer siempre le han salido granos al escucharlo. Y para finalizar llegó el momento de Soy un macarra, canción más conocida de la banda, que nunca han dejado de tocar y de la que nunca han renegado. Esta fue la canción que fue elegida por la discográfica como single en vez de Agotados de esperar el fin, canción con la que bromeaban en los ensayos y que pretendían desechar… Como dice Jorge, eran momentos en los que era necesario “mongolizar”. Yo creo que siempre será necesario.


Impecable sopa sonora de más de 32 canciones en el que un servidor disfrutó de lo lindo, con un repertorio de lo más compensado en que quizás eché en falta alguna canción más de Joven y arrogante, como Orfanato minero ( de momento, mi canción favorita del largo).
Me parece un privilegio poder seguir disfrutando de una banda como Ilegales, con más de 40 años en activo y con un repertorio absolutamente mítico. Que sigan publicando material interesante a día de hoy, cuidando además el directo con tanto mimo, me parece una auténtica gozada. Y lo es todavía más poder disfrutar del universo de Jorge Martínez, que a sus casi 70 años es mucho más joven (y arrogante) que algunos compañeros de escena a los que dobla (o triplica) la edad.


Tuve el privilegio de hablar y compartir cervezas con Jorge en Oviedo este verano , justo cuando estaban en proceso de mezcla de Joven y arrogante. Comprobé de primera mano que en él no hay nada de pose. Él no intenta parecer, él es. Todo lo que pasó durante las horas que compartimos risas, cervezas y anécdotas increíbles me lo guardaré para mi. ¿Por qué?. Porque como dice él: “toda la verdad del rock no puede ser contada”.




