Los conciertos de nuestra vida (XI): La Fiesta Roja (1984)

De sobras es conocido en el mundo de la cultura que, si algún partido político ha apostado por la difusión y la organización de eventos de rock durante la primera etapa de la transición política llevada a cabo en España en los años 80, ese ha sido el Partido Comunista Español (PCE). Y más concretamente es en la celebración de la Fiesta del PCE, que se lleva a cabo desde 1978, donde más efectiva se hace esa relación política-rock.

En 1984 el rock, y más concretamente el heavy metal, se encontraban en un momento dulce tras el asentamiento de sus estilos musicales en la sociedad. No era nada extraño que sonaran en la radio y en las televisiones. Los festivales comenzaban a pulular por toda la geografía nacional y las generaciones de antaño ya no se extrañaban de ver por la calle a esos melenudos de pantalones de pitillo con litrona en la mano.

Este entorno favorable se gestó en parte con la expansión al mercado internacional de Barón Rojo, cuando en 1982 pisaron las tablas del festival de Reading junto a Iron Maiden, Twisted Sister o Gary Moore entre otros. Así fue como para su tercer trabajo Metalmorfosis volvieron a Londres para grabarlo y en 1984 publicaron su primer directo Barón al Rojo Vivo, doble LP grabado en el Pabellón de la Ciudad Deportiva del Real Madrid.

En el Rockódromo de la Casa de Campo de la capital madrileña, el 30 de junio de 1984 comenzó el que posteriormente sería recordado como uno de los mejores conciertos de rock y heavy metal por la calidad que atesoró. Ñu era uno de los invitados al evento, pero por razones todavía desconocidas, no se sumaron al elenco. Desde las 7 de la tarde hasta casi las 6 de la mañana del día siguiente, en un día caluroso como el que más, Ático y Mamut se encargaron de calentar motores para lo que vendría después. Ángeles del Infierno derrocharon tralla de la buena, y no era de extrañar por su gran calidad que les llevó a telonear meses antes a grupos como AC/DC, Motörhead o Saxon en sus visitas a territorio nacional. Como bonito detalle cabe destacar que llegaron a versionar Canción para un niño de Asfalto, ya que su por entonces batería Iñaki Munita acababa de estrenar paternidad recientemente.

Rosa Negra atesoraron ganas y calidad a pesar de los problemas de sonido que tuvieron. Su esfuerzo no se vio recompensado por el público, pero se dejaron notar en el que sería el año de publicación de su primer trabajo que les llevó incluso a telonear a los mismísimos Scorpions, y eso es algo que pocas bandas con un sólo trabajo editado puedan decir.

La parte más dura de cartel estaba por venir. Banzai, con su Duro y Potente recién estrenado, se marcaron un concierto mítico a recordar. Con un Salvador Domínguez desbocado, las cerca de 60.000 personas que en ese momento abarrotaban el recinto, disfrutaron de un más que apetecible aperitivo a lo que iba a ser la actuación estrella de esa noche.

Sabedores de su calidad y conocedores del éxito que estaban causando, Barón Rojo no sólo disfrutó de su actuación, sino que destrozaron los cánones de lo que era un concierto en directo ante un público entregado y en un entorno proclive a tal celebración. Sonaron sus temas más emblemáticos, los que difícilmente podrán volver a oírse como entonces por ese paso de los años que nos lastra a todos, pero que nos ha dejado marcados a varias generaciones amantes del rock duro y el heavy metal. Sabían de su momento y así nos lo hicieron vivir.

Topo tuvo la difícil tarea de tocar poco después de los Barones. Aun así, dejaron la impronta de su calidad, aunque con una velocidad menos de lo que se había visto a este momento de la noche. Con su todavía formación original, deleitaron a los más pulcros de los asistentes al concierto con temas de sus tres primeros discos.

Con su disco Cronophobia recién editado, Asfalto fueron los encargados de cerrar el concierto. Ya eran casi unos veteranos en esto de la música y así lo demostraron sobre los escenarios. Con Miguel Oñate a la voz y el carismático Julio Castejón ejerciendo de líder de la banda, hicieron una actuación perfecta, siendo una de las más recordadas en su trayectoria.

Con los primeros rayos de sol se cerró uno de los momentos históricos de la historia de la música en España, y cómo no, tuvo que ser en Madrid que ejercía de capital cultural y musical del momento.