RESEÑA: TALLAH – MATRIPHAGY

Hay quien toma los subgéneros de metal como modas, cuya popularidad tiene fecha de caducidad. Que tienen su boom de grupos que se vuelven grandes bandas del panorama, y a partir de unos años todo es cuesta abajo. La originalidad se va disipando para dar paso a una nueva moda, y así sucesivamente. No es del todo mentira, sin embargo, el hecho de que un subgénero de metal tuviese su pico de popularidad hace un cuarto de siglo no quiere decir que a día de hoy no puedan surgir nuevas bandas que reinventan su estilo. Este es el caso de Tallah con el nu metal. Partiendo de notorias influencias como Korn y Slipknot, lo que han hecho estos chicos en Matriphagy es como resucitar el nu metal noventero, pero añadiendo una dosis de hardcore. Con toda su crudeza y oscuridad, este álbum supone su estreno como banda de una manera bastante fuerte.

Pero para hablar de Matriphagy, hay que mencionar primero el EP No One Should Read This. Este trabajo, que salió a la luz en agosto de 2018, fue realmente lo primero que grabaron y cuyos temas tocaron en numerosas salas de Estados Unidos durante los meses posteriores. La tracklist la componen cinco temas que más adelante serían remezclados para formar parte del larga duración.

Pero, ¿por qué incluir material viejo en un disco? Pues sencillamente porque la historia que cuenta No One Should Read This es ampliada en Matriphagy, aportando así no sólo una mejor narrativa de esta macabra historia sino ofreciendo al público un compendio de canciones variadas que asientan una base sólida en cuanto a estilo y sonido.

¿Y qué historia es esa? Pues bien. La protagoniza Kungan, un chico joven que desde el primer minuto del disco al último muestra una evolución hacia la locura, partiendo de la gran angustia que le produce haber vivido toda su vida encerrado. No conoce el exterior ni sabe nada acerca de lo que haya fuera de las paredes de su casa, donde vive con su madre llamada Tallah. Ella es una persona que ha abusado física y psicológicamente de su hijo, siendo quien lo mantiene encerrado en esa casa cuidando de ella 24/7 puesto que está en silla de ruedas.

Desde los primeros esbozos psicópatas que muestra su personalidad hasta el impactante final, se percibe en Kungan una constante ansiedad, angustia, ira, odio, frustración… y todo eso es capaz de reflejarlo la voz de Justin Bonitz, quien cuenta con un gran registro y técnica vocal para aportar dinamismo y expresión a las canciones. Las instrumentales no se quedan atrás, pues construyen junto a la voz ese ambiente tenso, oscuro y bruto que rodea todo el concepto de este álbum. Hacer un álbum conceptual no es nada que ellos hayan inventado, sin embargo, lo han hecho de una manera lineal y progresiva que incita al público a seguir escuchando para continuar la historia. Un formato que funciona de miedo en directo, pues así se pudo comprobar la misma noche del lanzamiento de Matriphagy. No de manera presencial pero sí online y para muchas personas de todo el mundo, Tallah estrenaron su primer disco a lo grande en un concierto online que habían grabado en la cárcel estatal Wilow Glen. Con una puesta en escena escalofriante y muchísima energía, estos chicos de Pennsylvania mostraron al mundo lo que son capaces de hacer.

Quienes están detrás de todo esto son músicos jóvenes, pero bien preparados para darlo todo. El cabecilla de este proyecto es Max Portnoy, quien tiene unas baterías que dejan a cualquiera boquiabierto. No es de extrañar sabiendo que su padre es Mike Portnoy, de quien parece que seguirá sus pasos como batería destacado pero en un estilo musical totalmente distinto. Junto a él está Derrick Schneider, guitarrista que vuelve a compartir banda con Max, pues ambos tocaban anteriormente en la banda de prog Next To None. Derrick se defiende muy bien en este estilo también, y a su lado está Andrew Cooper. Un bajista muy enérgico sobre el escenario que en el estudio se encarga de hacer sonar ese bajo tan crujiente que da profundidad a las canciones. Y por último pero no por ello menos importante, Justin Bonitz es quien desata su gran potencial frente al micro. Conocido también en YouTube por su proyecto Hungry Lights, ya que ha compuesto varios discos por cuenta propia y cuenta con un buen número de fans, llama mucho la atención cómo combina varias técnicas guturales con voces limpias al más puro estilo Chester Bennington o Jonathan Davis, e incluso añade partes rapeando. Una combinación explosiva, a la que recientemente se han incorporado la guitarrista Alex Snowden, procedente de la banda Dollskin, y Mewzen, quien se encarga de las labores de dj. A estas dos incorporaciones las conocimos en el directo de presentación.

Pero pasemos a destripar Matriphagy. [redacted] es la introducción del álbum, que crea con voces y ruidos varios una atmósfera que nos preparará para todo lo que viene. No One Should Read This es el pistoletazo de salida a este largo viaje en el que Tallah narran esta historia. Al más puro estilo noventero, donde además de la clara influencia de nu metal se puede apreciar su gusto por el hardcore y el groove. Las guitarras suenan pesadas y graves, recordando mucho a los primeros Korn también en su álbum debut, esa pureza y crudeza donde radica lo siniestro. Justin y Max destacan haciendo brillar sus habilidades como vocalista y batería respectivamente, pero sin que el resto de la banda se quede atrás en ningún momento. Un tema que es histeria pura, el cual introduce esos pensamientos intrusivos y bastante retorcidos que atacan la mente de Kungan. Éste tiene un diario secreto donde anota todo aquello que le pasa por la cabeza, y lo guarda con gran temor a que su madre, Tallah, lo encuentre. Ambos viven en un espacio reducido sin acceso al exterior y mantienen una relación tóxica madre-hijo que hará explotar a Kungan a lo largo de este disco.

El título del segundo tema hace honor a este protagonista. Un tema que ya conocimos en su EP No One Should Read This, pero esta vez con una mezcla diferente que permite apreciar mejor los detalles en cuanto a sonido pues la producción a cargo de Josh Schroeder es de diez.. Justin se vuelve loco justo antes del breakdown, donde desatan toda esa ira de golpe. Todavía estamos en el inicio del disco y ya se puede percibir la potencial capacidad de dejar boquiabierto a cualquiera que guste este estilo. La letra introduce al protagonista de este álbum conceptual, que ha vivido toda su vida encerrado sin conocer siquiera si existe el exterior, ya que su madre no se lo permite. Una madre, Tallah (como la banda), que abusa de su hijo física, mental y emocionalmente hasta el punto en el que siempre le ha tratado con desprecio por ser un chico y lo viste de chica, lo trata como a una hija, creando en Kungan traumas que acabarán teniendo serias consecuencias: “She likes to dress me up, I swear she treats me like a daughter”.

Overconfidence probablemente sea la canción más pegadiza del conjunto. El bajo de Cooper se mantiene presente en todo momento, mientras Max ofrece unas líneas de batería bastante divertidas y complejas. Por otro lado, las guitarras se mantienen más sencillas en este tema, y es porque la parte electrónica toma más protagonismo esta vez. La voz de Justin muestra aquí gran parte de su variedad, pues comienza casi rapeando para después lucir voz limpia y rasgada y unos guturales de lo más desgarradores. En esta canción, Kungan cuenta que se ha “sobreconfiado” al intentar escapar del infierno en el que vive, intentando cavar un túnel hacia el exterior. Sin embargo, es cazado por su madre y esto le genera mucho miedo. La forma en la que la voz a veces es más desgarrada, rápida o caótica ayuda mucho a transmitir lo que siente el protagonista. Además, entra en escena el tercer personaje que no conocimos en el EP: Lobifu, un conejito de peluche que le dice a Kungan que haga maldades. “Just let me prove it was you, Lobifu”, dice.La cosa comienza a ponerse muy tensa, cada vez más. Y la música endurece poco a poco, acorde a la narrativa.

Placenta es otro de esos temas que resultarán familiares a los fans más antiguos, y es que no sólo está incluida en el EP sino que antes de éste era el único tema que tenían grabado, con videoclip y todo. Sin embargo, no desencaja del resto del disco a pesar de que algunas canciones puedan tener más tiempo que otras. Trae consigo algo más de melodía dentro de ambiente caótico y oscuro. Las cosas que Tallah hace sentir a su hijo afloran y comienzan a dirigir la historia hacia tintes de lo más brutales. Pero llegados a este punto, Kungan deja de confiar en ella, está harto y ciertas ideas comienzan a rondar su cabeza. Derrick se luce con su rápìdo solo así como mantiene la rítmica de la canción. Si bien Placenta parece sonar a la zona de confort del grupo, ell siguiente tema es algo diferente al resto: L.E.D.. Vuelven los ritmos pesados tanto instrumentales como por parte de la percusión de Max, adornados con sonidos electrónicos. Respecto al sonido que tenían en el EP, donde éstos no existían, claramente suponen un acierto que les da un toque más noventero si cabe. El final de este tema es sencillamente demoledor. Y narrativamente, conduce a un punto de inflexión en la historia, que The Silo narra a continuación. Partiendo de que Tallah siempre trató a Kungan como a una hija, como las letras describieron en el segundo tema, y que algo en su cabeza está estallando… En este punto máximo de locura, nuestro protagonista se corta el miembro debido al gran trauma que el rechazo le provocó toda su vida. “I did what I done, and I can’t undone, so you got what you got, don’t you want me?”. Kungan pierde la cabeza y ya no hay vuelta atrás. Este es un tema más melódico que el resto, donde bajo y batería no bajan el ritmo pero las guitarras y la voz se muestran en un tono más angustioso.

Otro de los temas del EP es We, The Sad, el cual habla sobre el sufrimiento de Kungan. Guiado por una melodía de guitarra principal que va cambiando de forma durante la canción, este tema en algunos puntos alcanza sonidos extremos sin abandonar el estilo en el que se mueven. Desde luego, uno de los cortes más interesantes de todo el disco, pues destaca por ser menos frenético pero más contundente. Desde un punto de vista más íntimo, la letra aborda todo ese dolor que sufre y del que no puede escapar, el cual radica en su madre… y Kungan no puede más. Finalmente, se decide a matar a su madre. Too Quick To Grieve es el tema más agresivo de este trabajo, el cual refleja esos impulsos violentos del protagonista mediante riffs más rítmicos y vocales en un tono más hostil. Sacan aquí a relucir la vena hardcore, su lado más moderno y caótico. Tan sólo imaginar presenciar esto en directo en un concierto donde compartan cartel con Code Orange o Vein se convierte en una fantasía que ojalá se haga realidad algún día. Con un sonido muy firme que nada tiene que envidiar a grandes bandas de metal, llegados a este punto del álbum ya se puede catalogar como uno de los grandes lanzamientos del año.

Para la recta final se abre paso con la furiosa batería de Max otra de las canciones del EP: Cottonmouth. Reluce su lado más extremo, rozando el black metal pues así lo requiere la narrativa, Tallah muestran su faceta más retorcida y oscura. Kungan describe cómo ha ido a por su madre y ahora está todo lleno de trozos de su cadáver en una canción de lo más brutal, que acaba de manera abrupta tras un potente breakdown y da paso a Murder Seed. Ésta continúa en la línea violenta y macabra que además acompaña a la narrativa. Kungan está en un estado de euforia, pues se ha librado del mayor peso de su vida. Pero…

the borderline of pain es un tema corto e instrumental protagonizado por la electrónica, como una pequeña pausa en el álbum que simboliza ese giro argumental de la historia que presenta Red Light, la cual también era la última del EP No One Should Read This. Después de acompañar a Kungan en todo este episodio, de ver cómo materializaba sus ideas más macabras, de cómo liberaba todo su dolor en forma de violencia y se volvía consciente de lo que había hecho… Se da cuenta de algo muy importante. No puede salir de allí. “Red light” hace alusión al código que necesita para abrir la puerta, el cual solamente sabía su madre… a quien acaba de asesinar y comer. El protagonista se da cuenta de que todo esto no ha servido ni siquiera para cumplir su objetivo de liberarse de vivir encerrado, de modo que sigue sufriendo.

Tras la experiencia de Matriphagy, queda claro que Tallah son una banda joven con un futuro prometedor. Si esto es sólo el principio, no faltan ganas de ver qué más harán en un futuro.

Iria López
Fotógrafa y amante de la música, uno en mi trabajo mis dos grandes pasiones.

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