Septiembre acabó por todo lo alto dando paso a un (para desgracia de muchos) todavía caluroso octubre. Y es que el pasado jueves, en una de las salas de música en vivo más míticas de Madrid, la Sala Clamores, pudimos ver sobre el escenario a BRAVA. Aunque no lleven mucho tiempo bajo los focos, se nota que este último año han podido saborear un poquito el futuro de bolazos que tienen por delante y que tienen hambre de más.

Como ya nos contaron en la entrevista que tuvimos la suerte de hacerles, les encantan tocar en salas, donde exprimir su talento y puesta en escena hasta el máximo y dar todo un espectáculo, desde que se suben hasta que se bajan del escenario. Aunque al principio el público se mostró muchísimo más tímido que los que estaban bajo las intimidantes luces de la Clamores –Nerea Santotomás, la voz de BRAVA, dicharachera y animada, pidió varias veces que se acercaran–, no dejaron hueco para el silencio animando entre canciones y siguiendo algunas de las letras más populares.

Entre el humo y a contraluz, Nacho Álvaro del programa El Patillas DJ en Radio 3, actuó como el perfecto maestro de ceremonias y dio paso a la presentación en pantalla del videoclip de 17 Palos, no sin antes hacer una reivindicación de las calles y los barrios. El vídeo, que aún no está publicado, representa la historia de la protagonista de la canción y nos muestra escenas callejeras de lo más canallas, con los integrantes de la banda personificando a Catalina y sus amigos.

Después de los aplausos y con el cuerpo ya preparado para lo que se venía, la banda entró en el escenario de forma escalonada, empezando por el batería Mario Fuentes, después el bajo Jaime Osuna, Jorge Montero con una bonita vintage sunburst bajo el brazo y, finalmente, Nerea que llevaba una chaqueta que le duró canción y media de la emoción. Abrieron con dos temas que sirvieron para entrar en calor, en los que aún se les veía algo reservados pero que les duró poco porque ya empezaron a demostrar la fuerza de su música cuando tocaron En Carne Viva, otro de sus nuevos temas.

En una noche tan especial no podían faltar los artistas invitados y es que ya hace unas semanas lo anunciaron en su Twitter, que contarían con el apoyo de otras voces ilustres del rock más urbano. “Él es mi Bisbal y yo soy su Chenoa”: así fue cómo Nerea presentó a Jimmy del grupo glam-pop progresivo Cometa. Harmonizaron sus voces en un dueto sincero donde Nerea pudo demostrar su rango tanto para temas más cañeros y crudos como para aquellos más tranquilos. También subieron al escenario Ángela de Estrogenuinas, Javi de Mallo y Raquel de Los Jaleo con sus dedos avispados a la guitarra, quien puso la energía por el techo con un mástil apuntando a un público jaleante.

Malos Tiempos, tema que publicaron en abril de este año, tiene un directo muy parecido a su versión de estudio, con una voz rotunda incluso en las subidas más difíciles y una parte instrumental muy sólida, donde Jorge se pudo lucir en un solo de punteo veloz mientras le hacía caras al público. La reina de la noche fue 17 Palos, ya que se presentaba por primera vez en sala, para la cual Nerea dio una pequeña introducción hablando de la importancia de reivindicar también lo que hacen las mujeres (su letra está basada en la historia real de Catalina, quien llevó a cabo un atraco a principio de los 80). Aunque, para mí, la canción que se lleva el primer puesto fue, indudablemente, Farolero, con esa guitarra flamenca descontrolada y ese sonido mezclando el rock urbano, algunos toques más funkys y la voz rota de la cantante.

Para este momento, a ninguno de los integrantes del grupo les quedaba una pizca de nervio en el cuerpo y todos brillan haciendo su parte, dibujándose en sus caras la felicidad de estar sobre el escenario. Jaime, aunque más reservado en su esquina, supo destacar en el apartado más rítmico con un bajo que engrosaba los temas, con ritmos en ocasiones más punkarras. Al fondo del escenario, Mario tampoco se quedaba corto con una percusión excelente y su carácter desenfadado. 

No hubo un bis aunque fue pedido a gritos. BRAVA se despidió prometiendo subirse pronto al escenario para defender su rock cañí y un sonido que sabe cómo coger lo mejor del rock and roll más clásico y hacerlo contemporáneo y, más difícil aún, completamente suyo.