Reseña: The Black Dahlia Murder – Verminous

The Black Dahlia Murder – Verminous

Estamos ante un buen álbum que si bien no va a ser el mejor de su carrera, si mantiene su buen legado a flote

La más que consolidada banda de death metal melódico The Black Dahlia Murder llegaba a un 2020 caótico con la dura tarea de revalidarse tras un sobresaliente Nightbringers (2017), trabajo que los aupó a lo más alto del panorama extremo. La difícil misión de suceder con solvencia su aclamado último álbum corre a cargo de Verminous, su octavo disco. Un disco que, si bien bebe de su predecesor hasta cierto punto, sabe cuál es su potencial concreto e intenta evitar las similitudes y paralelismos con este en la medida de lo posible ante una más que posible derrota.

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Para esta nueva aventura discográfica, los estadounidenses han hecho lo que mejor saben: un death metal melódico de calidad, que bebe de los grandes del subgénero como At The Gates, con bastante groove e incluso a veces pegadizo pero sin perder su contundencia. Todo esto arropado por una producción excelente a cargo de los propios miembros de la banda.

Un factor a destacar en todo lo que envuelve este nuevo álbum es que la banda liderada por la carismática dupla Trevor Strnad (voz) – Brian Eschbach (guitarra), únicos miembros originales desde su ya lejana fundación en 2001, es que por primera vez en su historia, los death metaleros repiten alineación. A los citados músicos se unían en 2012 su actual batería, Alan Cassidy, y su actual bajista, Max Lavelle, mientras que en 2016 se unía Brandon Ellis como guitarra solista para grabar el ya citado Nightbringers. Es desde su entrada que la banda coqueteará (exitosamente) con sonidos más melódicos e influenciados por el heavy metal más clásico. El hecho de continuar con la misma alineación propiciará que la banda suene consolidada y compacta, algo vital para las bandas de este calibre.

El álbum arranca con el lento e inquietante inicio de Verminous, canción de la que se extrae el título de éste y que no tarda en explotar para que la banda muestre todas sus virtudes. La tan característica voz de Trevor coge las riendas de la canción mientras fluye sobre unos riffs magníficos que cumplirán con las expectativas de aquellos que lleven siguiendo a la banda desde hace unos años. Por su parte, podría decirse que estamos ante una sección rítmica más domesticada que en otras entregas de la banda, lo que no excluye que rebose calidad por los cuatro costados. No hay nada de lo que preocuparse, estos chicos no se han olvidado de cómo hacer death metal.

El álbum continúa con Godlessly, una de las mejores canciones del álbum. Alan Cassidy comanda la canción tras los parches con abrumadora destreza. No hay duda de que estamos ante uno de los grandes baterías del género en la actualidad. La voz de Trevor sigue intratable, así como los riffs que dan forma a la canción. En definitiva, tres minutos de puro death metal melódico de calidad.

Otra de las joyas de la corona es Removal of the Oake Staken, donde queda patente ese renovado gusto por las melodías y la influencia del heavy metal inyectada por Brandon Ellis. Desde la siniestra pero bella melodía que abre la canción hasta el cabalgante ritmo que articula toda la canción, las influencias clásicas son una constante en esta canción y serán del agrado de muchos que puede que con anterioridad fuesen escépticos con esta banda por su habitual cercanía a sonidos más modernos.

Child of Night fue uno de los dos adelantos (junto a la homónima) que nos regaló la banda antes de la salida oficial del álbum, tal vez con menos ferocidad que sus predecesoras pero no falta de calidad. En esta se percibe la preferencia de Trevor por tonalidades más graves en su voz, alejándose de su característico estilo de canto en el que suelen predominar los shreaks. Es imposible no rendirse ante el bello solo que Ellis desgrana en pocos segundos en el tramo final de la canción.

Sunless Empire evoca unos ritmos más pausados, lo que no le resta calidad al total de la canción. Continúa sin sorpresas por el sendero que la banda ha ido desarrollando durante todo el álbum. Una vez más hay que destacar la maestría y el virtuosismo de Ellis a las seis cuerdas plasmado en otro increíble solo. La banda acertó de lleno con el fichaje del que también es miembro de los death metaleros Arsis.

The Leather Apron’s Scorn sigue de manera contundente el camino de su predecesora. Tal vez pueda resultar siendo algo redundante al sonar inmediatamente después a una canción con una estructura parecida, pero aún así cuenta con elementos lo suficientemente aprovechables como para ser tenida en cuenta. Para muestra, el bajo de Max Lavelle, que brilla por sí solo en esta canción.

How Very Dead es probablemente la canción más floja del álbum. Pretende ser sencilla y pegadiza, careciendo de agresividad y sonando muy inofensiva, algo a lo que no nos tienen acostumbrado estos chicos. No es malo experimentar y buscar otros caminos, pero para hacerlo hay que estar seguro de ello. Aquí la banda da un paso en falso.

The Wereworm’s Feast recupera el buen ritmo arrancando con otro increíble y veloz solo de Ellis, el cual da pie a una canción con momentos que rozan lo solemne y con un riff principal que bien podría haber compuesto cualquier gigante del metal sueco. En definitiva, puro death metal melódico. La canción no concluye sin otro recital a las seis cuerdas, por si quedaba alguna duda.

Ya en la recta final del álbum nos encontramos con A Womb in Dark Chrysallis, un innecesario interludio que precede a la última canción del álbum, Dawn of Rats. Una excelente canción para cerrar un álbum cuya segunda mitad se muestra más floja que la primera. Excelentes riffs, blast beats, mucha rapidez y momentos en los que la banda se deja querer por el black metal. Es innegable que estos chicos han mamado mucho metal extremo en todas sus vertientes.

Estamos ante un buen álbum que si bien no va a ser el mejor de su carrera, si mantiene su buen legado a flote. Era difícil situarse a la altura de obras tan magnas como Nightbringers (2017), Everblack (2013) o Nocturnal (2007), pero la banda era consciente de ello y ha sabido salir del paso sin ser devorados por las expectativas que ha ido generando durante estos años, como ha pasado con otras bandas. Por tanto no temas, encontrarás grandes canciones en este álbum, compuestas por verdaderos amantes del género (algo que se puede comprobar con acudir a sus redes sociales). El problema es que puede que esta vez hayan jugado demasiado a lo seguro.

The Black Dahlia Murder se ha convertido en un seguro de vida tanto a nivel discográfico como de directos. Al igual que bandas como Obituary (salvando obvias distancias), son una apuesta segura, garantía de regularidad, y eso, en los tiempos que corren, es un plus añadido. En resumen, The Black Dahlia Murder continúan su lento pero seguro ascenso al Olimpo del metal extremo.

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