Crónica: Hamlet – Acústico en el Teatro Federico García Lorca de Getafe

Si hace un año y medio me hacen apostar sobre un concierto de Hamlet en un teatro, sentada en una butaca y en acústico, hubiera perdido sin dudarlo. Adaptarse a los cambios es lo que te hace subsistir en este caso ellos han aceptado el reto dando un giro atractivo e inesperado a su directo. El viernes pasado en el Teatro Federico García Lorca ofrecieron un maravilloso acto, os lo cuento.

Cuatro sobrias sillas y una batería algo elemental, anticipaban el devenir de la velada. De fondo una pantalla proyectando distintas imágenes con un filtro muy rollo radiografía, la atención por suerte estuvo fijada en quienes llenaban el escenario.

Pasadas las nueve de la noche y con un teatro acorde a las restricciones vigentes, aparecen los cinco músicos, tranquilos y sonrientes. Abriendo con Para toda una vida, despejando por completo mis dudas sobre el experimento en formato acústico. El sonido en general limpio y algo oscuro, como la puesta en escena así demandaba.

Paco, a pesar de portar baquetas para la ocasión estuvo contundente en su dirección orquestal marcando tiempos sobre todo a Luis, quien tenía más cerca. Precisamente era el guitarrista quien más alerta me tenía, solo pensar en cómo mantener sentado a semejante torbellino durante todo un concierto me producía ansiedad. Sí, se le notó contenido, su sonrisa y sus limitados movimientos de guitarra, maestría aparte, junto con alguna que otra patada al aire, fueron sus únicas concesiones. No nos vamos a engañar, el sonido de las cuerdas en modo desenchufado no es el mismo que en eléctrico, pero el rollo intimista que impregnaron y regalaron tampoco hizo sentir huecos ni vacíos sonoros.

Hamlet Acústico Getafe

Alvaro Tenorio y Ken en segundo plano en la parte izquierda del escenario, cumplieron su fundamental misión de completar la obra acompañando los cambios de ritmo marcados por el instrumento que más se escuchaba, la batería. Molly fue el que lo tenía algo más fácil, ya en el cuarto tema En Silencio, el escenario se le quedó pequeño y de un salto acabó sentado en uno de los palcos laterales. La voz, al igual que los temas, modelados para el formato, no perdió nada de su sentida garra ni su visceral fuerza. El grito demoledor en Perdóname mientras se arrodillaba cual actor dramático así lo constató.

Hamlet Acústico Getafe

Los momentos que se contuvo sentado, como en No me arrepiento, se le veía un temblor constante en las piernas propio de una fiera enjaulada hambrienta de libertad. Entre sudores y sonrisas cómplices fueron cayendo temas, como era de esperar su álbum Syberia, más melódico, fue el protagonista de la noche con cortes como Desaparecer y Tiempo, el concierto fue grabado para una próxima publicación, de ahí las variaciones en el setlist elegido.

Hamlet Acústico Getafe

El ambiente era de gozo y sus continuos agradecimientos al personal por la asistencia, crearon la necesaria comunión que hizo brotar la emoción con la que han preparado estos sets. En ellos, ojos cerrados y miradas perdidas se visualizaban constantemente en una clara demostración que la energía puede fluir de varias maneras. Por poner una pega, me hubiera gustado un escenario más reducido para completar el rollo intimista creado.

Salvajes lo sentí como un quiet rap, usando esos anglicismos tan distintivos que durante toda la velada coló el maestro de ceremonias entre los cortes de temas. Alentando sin parar con insistentes palmas al estoico público, que en ningún momento hasta el final se levantó de sus butacas, una de las escasas opciones de ruido y movimiento admitidas por las condiciones. El color de los pañuelos fue el tema que más me costó dirigir en esta especial versión, la acertada Tiempo equilibró la sintonía general del show.

Hamlet Acústico Getafe

En No soy igual y para mantener el contacto con las butacas el expresivo frontman pidió que dieran algo de luz para poder vernos. Los guiños y las miradas cómplices entre los dos miembros fundadores del grupo dieron paso a una espectacular No sé decir adiós nos ofreció a un Molly sentido y profundo, en contrapunto al título del tema, abandonaron las tablas envueltos en una gran ovación y gestos de aprobación generalizados. La platea y el anfiteatro se convirtieron en un hervidero de silbidos y patadas contra el suelo el reclamo de los artistas, que no se hicieron de rogar. Se nos estaba haciendo corto.

Serenarme llegó emocionante con dedicatoria al cielo por parte del cantante, Antes y después, algo oscura, contuvo el ritmo de los bises hasta que llegó la grandiosa Imaginé, hecha interpretación teatral digna de un premio Tony, que escaso se nos quedó el bis a tres temas.

La despedida fue muy del ambiente en el que nos encontrábamos, asistentes al fin en pie, aplausos y gritos que la banda recibió agradecida. En general fue una experiencia totalmente recomendable y a recordar por diferente y arriesgada. Por supuesto, todos deseamos que la próxima vez sea en un ambiente más usual, sin mascarillas, en pie juntos y con los chicos haciendo gala de su estilo habitual, seguro que no nos queda mucho.

Hamlet

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